jueves, 22 de mayo de 2014

Quédate contigo a solas


Hace unos años, en una de esas típicas noches post-ruptura de un amigo, escuché una frase de las que dejan poso. Andaba el amigo afectado soltando lo que todos en algún momento de nuestra vida: ‘No encontraré nunca a nadie como ella’, ‘Ella lo tendrá más fácil que yo para conocer a otra persona’, ‘Si he fracasado con ella, me quedaré solo para siempre’, ya saben. El resto, como podíamos, soltábamos consejos al mismo ritmo que lo invitábamos a cerveza para acelerar el proceso del olvido, ilusos nosotros. En estas, un amigo con don para hacerte sentir bien esas noches, dijo:

- ¿No sabes disfrutar de estar solo? Entonces pobre de ti. A mí me encanta quedarme solo y pasar horas muertas leyendo o viendo una película.

En ese momento, todos nos giramos hacia él y no nos quedó otra que asentir con cara de admiración. Con el tiempo, he ido descubriendo que estar a solas con uno mismo puede ser uno de los mejores momentos del día. A la misma altura que pasar horas muertas con tu pareja conversando o saliendo con los amigos. Al hilo de esto, hace unos días, leí una frase que me recordó a aquella tan oportuna de mi amigo. Venía a decir que los que saben disfrutar de estar solos, son los que más te hacen disfrutar con su compañía. Y qué razón llevaba.

Llegado a este punto, pensarás por qué está este texto en una web como Dentro de la Sala. Intentaré explicarme. Hay quien ve cine como un pasatiempo, algo accesorio con lo que entretenerse, le da igual pasar la tarde con la película de Antena 3 de fondo sin enterarse mucho o ir al cine a ver el último blockbuster, del que solo sabe que tiene muchos efectos especiales. Van al cine como el que va a la discoteca de moda para tomarse un cubata y no quedarse un sábado en casa. Como si tuviesen miedo a quedarse a solas consigo mismo. Yo, a este tipo de personas, cuya opción me parece respetable, les adaptaría la frase de mi amigo a:

- ¿No saben disfrutar del cine? A mí me encanta quedarme a solas y ver una película.

Pero no una película cualquiera, no, sino una de esas que ves a conciencia. Una que llevas semanas esperando sacar tiempo para quedarte solo y disfrutar de ella. Como el que queda con su pareja y cierra la puerta de la habitación esperando no abrirla durante un par de años. Tengo una amiga, por ejemplo, que ve Annie Hall cada vez que se encuentra triste. Y me parece una manera perfecta de superar esa situación, tan válida como llamar a tus amigos para que te saquen de casa y repitan los consejos que todos hemos aprendido de memoria. A mí estos momentos me parecen necesarios. Me gustan porque son una pequeña venganza a la rutina. Una manera de parar el tiempo y evadirte de los problemas. Me gusta sacar tiempo para reencontrarme con Henry Fonda o Al Pacino y contarles que vuelvo a necesitar un rato con ellos. Además, soy de la teoría de que quien es capaz de disfrutar de estas pequeñas cosas, de estos momentos a solas, de ver una película por décima vez o devorar un libro, es capaz de valorar mejor lo importante. Es capaz de emocionarse, conocerse y no ir por la vida sobreviviendo con el único objetivo de no quedarse consigo mismo a solas. No vaya a ser que se aburra y no se guste.

Y como decía que me parecen necesarios, me atreveré a dar un consejo. No tengas miedo a estar solo. Elige una película. Elígela a conciencia. Busca el motivo de por qué esa y no otra. Elige un momento para verla. Baja las persianas, desconecta el móvil y póntela. Estoy casi convencido de que hay una que te cambió, te llegó y es la que quieres que te haga compañía de aquí en adelante cuando necesites evadirte. Y si todavía no has visto esa película, ya vendrá la adecuada. Solo es cuestión de ir sacando un rato para ti y vengarte de los problemas que te van acompañando el resto del tiempo.




Colaboración de Juanan Salmerón para la web Dentro de la Sala

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