lunes, 6 de octubre de 2014

Infrafútbol: amores que matan


El amor es parecido a ir a un partido de pretemporada en plena Luna de miel. Se lo leía el otro día a Enrique Ballester en Infrafútbol. Uno de esos pocos libros capaces de romper la burbuja de la literatura cutre de palabras y fútbol y dejar biografías o mediocentros posicionales y estrategias infalibles para escribir de lo que nos importa: el fútbol. Llorar o reír con el fútbol, gritar, hacer kilómetros, soportarlo todo, saltarnos bodas o buscar un McDonald estando de viaje para enchufar wifi y ver los últimos minutos de un equipo (el nuestro) de Tercera. 

La relación con un equipo de fútbol vale como con cualquier mujer (u hombre) de ese amor que nadie entiende pero por el que darías todo. Lo sabes en ese instante en el que un amigo te dice “podrias aspirar a más”. Y es verdad. Podrías querer a los grandes, verlos en la televisión los fines de semana o acudir a campos llenos y cómodos. Pero no, te conformas con buscar radios que retransmitan por internet y con activar las notificaciones en Twitter para gritar los goles aunque ni siquiera lo has visto aún, hasta que alguien suba algún video con mala calidad a Youtube. Pero te los imaginas y te inventas las mil formas posibles que ha tenido de entrar a portería y gritas como si tú estuvieses narrando ese partido y como si la vida te fuese en ello, en un equipo de tercera. ¿Quién quiere aspirar a más? Nos gusta el fútbol porque el de verdad es eso: que a tu equipación favorita se le caiga el escudo de no dejar de usarla, que tu padre te cuente aquella temporada en que subisteis a primera y pienses que cómo va a ser posible y que tu novia llame paradores o pasadores a los distintos jugadores según lo que hagan (cuenta Enrique), por tratar de entender esa pasión incurable que te quita sueño y voz.

Nos pasa eso leyendo Infrafútbol. Aunque a algunos nos pasó algo antes (a mí, hace meses, por felicidad e ilusión contagiosa, sin alevosía), por esa sensación indescriptible de empatía con quien recorre 100 km para narrar a su equipo un miércoles teniendo 16 años porque nadie quiere narrar a quien se quedó en Tercera. Con Infrafútbol nos enamoramos. Nos enamoramos del que nuestros amigos creen que es mediocre pero nos gusta porque queremos a los que luchan y nos duele cuando los sueños de miles de personas están en manos de otros cuyos única pasión es el dinero. Entonces llega Enrique Ballester y en poco más de cien paginitas te recuerdas por qué un miércoles de Champions tienes la tele en silencio para escuchar un partido de Tercera: por los kilómetros recorridos en coche propio para ver un partido de copa, porque quien narra tiene veinte años y lo hace porque quiere, como si hubiese una obligación invisible para poder con todo, para hacerse invencible y soportar insultos cuando narras los goles de tu equipo. 



Castalia ha vuelto a tener colas de personas para sentarse en las gradas. Castalia ha vuelto a soñar y a luchar por esa relación que no admitía terceras personas que no entiendan de su historia. Castalia ha entendido que cuando todo va mal es cuando se quiere con más fuerza y se grita más, que en las derrotas y las enfermedades se demuestra quién quiere y quién quiso querer. Y Castalia quiere fútbol y el Castellón quiere darlo. Por eso mientras Enrique Ballester ultimaba los retoques de su Infrafútbol, un equipo de Tercera solo se permite el lujo de perder una sola vez en todas las jornadas disputadas. El mismo equipo demostró que ganaba al Novelda y que el Novelda ganó al Barça y que si el Barça era campeón de Europa y ellos ganaban a los que ganaban al campeón, ellos eran campeones. Campeones de Europa. ¿Por qué no? Matemáticamente era así y las matemáticas no fallan. La ilusión tampoco. Fueron campeones. Y lo son, pero se olvida. Se olvida que el fútbol de verdad, a veces, no es el de la tele ni el del análisis exhaustivo de movimientos tácticos o literatura basura sobre la vida de alguien que solo nos importa cómo es con el balón en los pies. 


Infrafútbol te reconcilia con el fútbol. También con la ilusión. Que, al fin al cabo, no dejan de ser lo mismo: dormirse sin voz de gritar un gol de Adrià Gallego en el último minuto, una remontada imposible en semifinal de copa, una pretemporada casi perfecta. Soñar con lo simple. Con el fútbol de mancharse en asientos sucios y de sintonizar canales por internet para sonreír con los goles. El fútbol de llorar sin que nadie te entienda y que te digan que vaya equipo, “podrías buscar algo mejor”, que te digan que tu novia no es la mejor sin siquiera conocerla. Que qué sabrán ellos de irse a la cama con lágrimas en los ojos porque esta vez sí. E Infrafútbol lo consigue, llámese Castellón o Sanxenxo. El fútbol y la vida, un todo inquebrantable en el que alejar una de las partes sería reducirlo a nada.

                                                                                                           
                                                                                                                                    Rocío García








3 comentarios:

  1. Precioso artículo, y gran libro el de Quique.
    Firmado: ex-bajista motelero

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  2. Me leí el libro el otro día y me parece un gran artículo, acorde al libro. Lo único que no me gustó es que se me hizo muy corto y me quedé con ganas de más. Creo que podría haber profundizado más en ciertos temas para ser un libro redondo.

    Un saludo.

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  3. Siento volver a escribir, pero es que mi comentario de ayer no hace justicia a lo que me parece la reseña. Lo he releído dos o tres veces y cada vez me gusta más. En serio, me parece un artículo magnífico. Infrafútbol no podría tener mejor publicidad.

    Enhorabuena por el mismo.

    Un saludo.

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