miércoles, 10 de diciembre de 2014

Parejas, géneros cinematográficos y viceversa

Hace ya unos meses leí un artículo en esta misma web que me llamó mucho la atención. Se trata de ‘El cine y las mujeres’. Y el motivo de mi interés creo que es evidente: mezclaba dos de las cosas que más tiempo han ocupado mi cabeza desde que tengo uso de razón. Me pareció interesante esa analogía y, por qué no decirlo, me dio un poco de envidia que no se me hubiese ocurrido a mí. Así que, llegados a este punto, he decidido tomarme la licencia de volver a mezclar el cine con las mujeres. Géneros cinematográficos con determinados tipos de parejas. O algo así. Allá va.

En primer lugar, nos encontramos ‘las parejas blockbuster’. Todos conocemos alguna así, cómo no conocerlas. Aunque no quieras, los tienes hasta en la sopa. Vas andando por la calle y te encuentras un cartel bien grande de ellos besándose. Entras a las redes sociales y ahí están también. Tapando al resto. Son los que más se quieren, los que viajan a los mejores sitios y se echan la foto para que te enteres. Cada anuncio es para decir que no encontrarás un amor mejor que el suyo. Aunque de todos es sabido, que muchas veces este tipo de cine suele ser de cartón piedra y tras el boom inicial hay poco sustento al que agarrarse. Con toda seguridad, esta historia dejará poco poso en tu memoria. Enseguida aparecerá otra vez ‘la mejor película del siglo’ y te hará olvidar lo que viviste.

Suele pasar, que justo al lado de este tipo de cine, aparecen otras personas más tímidas. Están justo en la sala de al lado, no necesitan publicitarse para saber a ciencia cierta que es de calidad. Se trata de la chica que luce más en pijama y el pelo recogido que con tacones en la sala más grande de tu ciudad. Hablo de la película que encuentras un día por casualidad en la biblioteca en un montón apilado y decides robar para verla todos los días de tu vida.

Otro tipo de pareja, yo la calificaría como la pareja de sobremesa de Antena 3. ¿De qué trata la película? No lo sé bien, solo sé que es muy parecida a la que ya viste la semana pasada y que es calcada a la que verás el fin de semana que viene en esta misma cadena. ¿Por qué continuas en esta relación o viendo esta película? Tampoco lo sabes a ciencia cierta, quizás sea miedo a salir de la rutina, miedo a estar solo o miedo a tener la tele apagada. No lo tienes claro y, mientras, dejas pasar el tiempo. Quizás la semana que viene tu pareja decida hacer algo distinto y salir de la monotonía.

Hablando de tiempo, también encontramos dos posibilidades respecto a este tema. Todos conocemos historias que empiezan bien y terminan mal. Son esas películas que tienen todos los ingredientes para ser una relación buena y solo sobra un detalle: se alargan tanto en el tiempo que terminan jodiendo el final. Crees que si todo va bien durante dos horas o dos años, por qué no iba a ir bien durante tres. Qué equivocado estás. Justo es esa hora o año la que te hará mirar el reloj diez veces y desear que termine.

Al revés también pasa, claro. Hay películas buenísimas que te dejan con ganas de más. ¿Por qué no querría repetir conmigo? ¿Por qué decidió marcharse y no vivir nuestra propia trilogía con extras incluidos?

En otros casos, das con películas y personas bastante graciosas. Tienen el don de hacer reír y eso es importante. Está bien, está genial, pero por lástima de todo se cansa uno y tras las tres risas apetece algo distinto. Deseas debatir sobre temas un poco más serios y ves que con esta persona eso no es posible. Exactamente lo mismo que pasa con los efectos especiales y con las noches de fuegos artificiales. Está genial, pero uno siempre termina viendo cien veces la película que le aporta algo más que tres risas o dos noches de sexo con efectos especiales.

Sin pasarse, claro. En el lado opuesto encontramos a esa persona que es como un documental iraní. Siempre solemne, siempre pontificando. Lo cierto es que es un lujo encontrar a una persona interesante con quien debatir sobre geopolítica o la vegetación característica de 
Canadá, pero espabila, sonríe un poco. La otra persona también quiere alguna broma y sobre todo noches de las que acaban con explosiones y guerras en la cama.

Por último, terminaré como he empezado, haciendo alusión a otro artículo de esta web. Hace poco leí una lista de películas que pueden gustar aunque no termines de entenderlas y pensé: mira, justo como me pasa a mí con las mujeres. Seguro que no soy el único al que le pasa. A veces nos acercamos a ciertas personas sin saber bien por qué, solo sabemos que nos atraen. Nos da igual no entender ciertos comportamientos, nos da igual que no nos enseñe demasiado o que de vez en cuando sea un poco monótona, solo sabemos que queremos seguir viendo la película para ver cómo termina.


Espero haber estado a la altura del anterior artículo. Y parafraseando a Groucho Marx, estas son mis analogías sobre parejas y géneros cinematográfico. Si no te gustan seguramente pueda inventarme otras.
                








                             Texto escrito por Juanan Salmerón para la web de cine Dentro de la Sala

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